Epilogo
Años después
Leslie puso una bandeja llena de
vasos sobre la mesa y observó a su alrededor. El patio de su hogar no podía
estar más repleto de hombres y apenas un grupo de mujeres.
Max, su perro, pasó corriendo a su
lado y dos segundos después cinco niños de diferentes edades pasaron también
corriendo frente a ella. Cuando uno de ellos, un niño rubio cayó sobre sus
rodillas, tres mujeres llegaron cerca para ayudarle.
Bárbara tomó a su hijo de cuatro
años y lo levantó. Leslie sonrió al ver que él quería llorar pero intentaba no
hacerlo.
—Ves —dijo su amiga—, no pasó nada.
El niño asintió, depositó un beso
en la mejilla de Bárbara y luego se alejó.
