viernes, 29 de noviembre de 2013

El placer de Jenna, Cuarta parte, Capitulo 2.


Capitulo 2

Un día después de que los gemelos partieran en su viaje Jenna observaba la televisión y un libro sobre leyes que le habían regalado. Últimamente se había interiorizado en la política de nuevo Edén.
Levantó la vista cuando Sebastián se sentó lejos de ella, en otro sofá. Ella sabía porque lo hacía, también lo sentía cuando estaban cerca.
Él la evitaba de esta forma porque la tensión sexual entre ambos estaba creciendo rápidamente. Jenna no podía estar en la misma habitación que él sin imaginar todo lo que querría hacerle. Y la mirada de Sebastián hacia ella le decía que le pasaba lo mismo. También sabía que él no daría el primer paso, algo le indicaba que esperaba, como esperaron los gemelos, que ella se metiera en su habitación.
Cuando Sebastián suspiró, cerró los ojos y apoyó su cabeza en el respaldo del sofá dejo de pensar.
Al carajo, se dijo. Quería esto y lo quería ahora.
Jenna se puso de pie. Sebastián siguió igual. Se acercó a él y se detuvo entre sus piernas. Sin perder de vista su rostro se desnudó. Con él se sentía más nerviosa, más temerosa de su rechazo, poco probable, o de que no resultara como esperaba.
Tienes que probar, se dijo, intentarlo siquiera.

Jenna se inclinó hacia él y tomó su rostro entre sus manos. Sebastián la miro enseguida y justo antes de que el dijera algo lo beso.
Gimió cuando él la recostó en la alfombra. Se estremeció cuando agarró sus manos y las llevó sobre su cabeza, cuando le ordenó dejarlas allí. Pero al ver que se arrodillaba y comenzaba a desnudarse se levantó y le ayudo. Luego de quitarle su camiseta acarició su pecho, el suave y oscuro bello allí. Se movió hacia los músculos en su estómago y se detuvo sobre el pantalón. Jenna le pidió que se pusiera de pie y le ayudo a salir de ellos.
Luego, al tenerlo frente a su boca lo acaricio con sus manos. Sebastián era más grande que los gemelos, más ancho. Ella había fantaseado con que sería así, algo se lo había dicho.
Recorrió con su lengua la piel caliente y suave, y lo chupó para sentir su sabor.
Gimió, al igual que el al sentirla.
—Basta —gruñó Sebastián —no ahora —le oyó decir y se recostó enseguida en el suelo.
Sebastián la observó unos segundos antes de acomodarse sobre ella. Él observó sus ojos mientras ingresaba a su cuerpo lentamente. Jenna abrió la boca al sentirlo empujar y tomó aire para relajarse. Luego gimió cuando él la dejo y volvió a penetrarla.
Sebastián la torturó de esta, entró y salió de su cuerpo, se restregó contra ella, y lo volvió a hacer. Cuando ella lo besó y se movió contra sus empujes, pidiéndole silenciosamente que la tomara de una vez, hasta que él afirmó su rostro y la alejó.
Gimió al saber y sentir que él la follaba sin dejar de ver su rostro. Sin perderse ni una sola expresión de su cara. Él aumentó el ritmo y lo abrazó con sus piernas.
—Sebastián —susurró.
Él empujó con más energía mandando un estremecimiento por su espalda. Jenna se afirmó de lo que encontró, que fue el sofá, para no alejarse de él. Y cuando se corrió, cerró los ojos con fuerza y gritó. Sebastián no se detuvo ni un segundo. Sus empujes se volvieron más desesperados, más erráticos entre sí, como si ya no se controlara. A veces era rápido y otras lento, profundo y superficial.
Cuando él se corrió y gruño contra su oído, gimió. Su cuerpo la sorprendió al imitarlo y volverse a correr, como si el solo hecho de que el alcanzara su liberación la llevara a la suya.
Segundos después ambos jadeaban, aun unidos y sobre la alfombra. A Jenna le dolía un poco la espalda, debido de la fricción contra la tela de la alfombra. Se rio suavemente al imaginar que probablemente su piel estaría roja unos días a causa del sexo.
—¿Qué? —susurró él contra su cuello.
Jenna acaricio su cabello negro y su espalda, recorrió con sus dedos la suave capa de sudor.
—Hagamos esto de nuevo —Sebastián la miró —pero sobre una cama —sonrió —mi espalda no resistirá otra ronda como esta.
Él se alejó un poco y arrugó su frente. Jenna siguió sonriendo al ver su expresión. Luego jadeo cuando él se movió rápidamente y la giró contra el suelo. Cuando observó la alfombra bajo si arrugó su frente.
—Tu piel se irritó —dijo él preocupado y sintió sus dedos recorrer su espalda, siguiendo un patrón.
—Pasará, no es nada —murmuró.
Sebastián se recostó sobre ella sin llegar a aplastarla y le dijo a su oído.
—Tengo algo que te ayudara —él movió su cadera contra su trasero, Jenna gimió —así podremos hacerlo de nuevo.
Cuando él volvió a empujar Jenna lo imitó y abrió más sus piernas.
—Y si primero lo hacemos así —jadeó.
Él gimió y la acaricio unos segundos, luego beso su cuello y hombro mientras ingresaba a su cuerpo, con más confianza esta segunda vez.
—Me quieres así —gruñó él.
Se movió contra ella.
Jenna gimió.
—Dímelo.
—Sí —murmuró.
—¿Te gusta?—él metió una mano bajo su vientre y la alzó una poco. Gimió al sentirlo tan profundamente.
—Sí —susurró y cerró los ojos.
—¿Cuánto?
—Mucho.
Sebastián mordió su hombro y por una extraña razón eso la encendió más.
—Entonces no vuelvas a hacerme esperar —ella gimió un tanto confundida por sus palabras pero más por sus empujes, lentos y profundos —me canse de oírte hacer el amor con uno de los gemelos sabiendo que no podía tocarte.
—¿Qué? —preguntó, él la calló al acariciar su nudo.
—Dímelo Jenna —gruño él —dime que no volverás a hacerme esperar.
Ella gimió e intentó concentrarse. No lograba comprender sus palabras.
—Solo dilo.
—Nunca más —jadeó y él gimió.
Sebastián la llevó a otro orgasmo y la siguió enseguida. Unos minutos después la cargó a su habitación y se recostó a su lado. Jenna suspiró y se acomodó contra él.

Ahora todo estaba en su lugar, pensó ella antes de caer dormida bajo las caricias de Sebastián.

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