sábado, 26 de abril de 2014

Proyecto Abril: El Personaje.


Hola, el siguiente relato corresponde al proyecto de Abril de Adictos a la Escritura. En esta ocasión se debía crear un relato a partir de un personaje. Yo elegí a Gálivich: Un troll que vive debajo un puente.
Saludos.



Esta vez sí.

Gálivich es un troll como cualquier otro, grande, enorme, de piel verdosa y gris, de cabello negro y sucio, de rostro desfigurado y horrible. Como todo troll que se aprecie tiene su propio hogar, un puente de tres metros de ancho y unos seis de largo. Lleva casi toda su vida allí, huyendo del sol durante el día y asesinando durante la noche.
Esa noche como muchas otras, Gálivich puede pensar solo en su deseo de moverse y comer. Llevaba dos horas bajo su puente esperando que alguien se atreviera a cruzarlo pero nada había sucedido aún.
Quizás el hecho de que jamás, nunca, nadie lo hubiera logrado había alejado a todo el mundo de allí. No por nada él había oído a los humanos llamar a su hogar el puente de los olvidados, porque todos sabían que quienes se atrevieran a poner un solo pie en el de noche, no lograría llegar al otro lado vivo. Estos desaparecían sin poder siquiera gritar.

A Gálivich no le importaba si el humano estaba solo o acompañado, si pretendían cruzar su puente a caballo o en carruaje, el resultado siempre era el mismo. Él constantemente se encargaba de que nada quedara sobre él. Ni madera, ni un trozo de tela, ni siquiera la sangre.
Cuando el troll levantó una mano y la apoyó en la fría piedra, todo el bosque guardo mas silencio de lo normal. Como si no quisieran importunar al ser. Gálivich se empujó fuera de debajo del puente, apenas lo suficiente para poder mirar alrededor y al no ver ni oler nada regresó a su lugar para seguir esperando.
Esta vez lo iba a hacer, pensó él, iba a permitir que alguien cruzara su puente para que otros lo imitaran mas adelante. Claro que también iba a tener que dejar que otros también lo cruzaran, porque si acababa con sus pobres vidas otra vez nadie se acercaría a ese lugar.
Gálivich sabía que había hecho esa promesa miles de veces, desde que apenas alcanzaba  el metro cincuenta, y ahora que sobrepasaba los dos metros sin problemas era tiempo de que cumpliera.
Solo uno, pensó, solo uno esta noche, así mañana muchos vendrán.
Al oír pasos levantó la cabeza enseguida, el olor le llegó con más energía que el sonido. Supo que era lo que se acercaba como si pudiera verlo de frente.
Humano.
Gálivich se preparó para salir y acabar con él antes de que se acercara demasiado a su preciado hogar, solo que lo recordó. Se suponía debía dejarlo pasar, de todas maneras era el primero, podían venir mas.
Un tanto decepcionado regresó a su escondite, solo que se inquieto al oírlo acercarse. Le desesperaban los pasos tranquilos del hombre, por el olor que le llegaba supo muy bien que lo era. El insignificante ser se acercaba a su hogar como si nada, como si le perteneciera, como si tuviera el derecho de pasar por allí.
No, se dijo, él debe pasar, irse.
Solo que la necesidad era más grande, quería salir de allí, detener el avance de sus cortas piernas y romperlas por su atrevimiento. Lo sentía, lo oía, allí, arriba, pisando, arrastrando uno de sus pies. Horrible, torpe, caliente, vivo, pensó. Ese humano no merecía permanecer así. Debía matarlo, como a los otros, pero si lo hacia nadie más vendría. No, tenía que hacerlo, era una afrenta a sí mismo si lo dejaba ir.
Si, si, se dijo, matarlo, otro vendría, como este y a ese si lo dejaría partir.
Antes de que el podre hombre terminara de cruzar el viejo puente de piedra Gálivich salió de su escondite y lo atrapó agarrando uno de sus brazos. El hombre abrió los ojos desmesuradamente al verlo, dándose cuenta de que los rumores sobre este monstruo bajo el puente no eran historias de borrachos ni mujeres deseando asustar a los niños.
Y lo último que pensó antes de que el monstruo lo matara fue que debió escuchar a los demás y jamás acercarse a ese lugar.
Gálivich dejó el cuerpo sin vida del humano al verlo destruido.
Oh, no, pensó. Otra vez.
Cuantos iban ya, este era el número 101 que se suponía dejaría ir, y ahora allí lo tenía, muerto sin poder decir que no había peligro en ese lugar.
Al otro si lo dejaré ir, se dijo y comenzó a recoger todo, su puente no debía demostrar que algo había pasado por allí.
A la noche siguiente el troll observó a humano 102, se dijo que lo dejaría ir, solo que unos segundos después, ya está prometiendo dejar pasar al 103.
Quizás el humano 103 tenga más suerte que los 102 que no escucharon el consejo, antes de él.


8 comentarios:

  1. Hola muy buen relato buenas decripciones y personajes, pero tengo un apunte nunca se debe escribir los números en números siempre son escritos

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    1. Gracias por comentar, y la corrección, saludos.

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  2. ESpero no ser el 103. Me has intrigado hasta el final pues he pensado que lo dejaria pasar, pero un troll es siempre un troll. Me ha gustadoel relato pero al principio hay algo raro "quienes se atrevieran a poner un solo pie en el de noche, no lograría llegar al otro lado vivo", te mando un fuerte abrazo.

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    1. Gracias por comentar, y tienes razón ,quedo raro, lo corregiré, saludos.

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  3. Yo la verdad estaba deseando que el número 102 tardará mucho en pasar o que ya no pasara nadie más en castigo al malvado, sin embargo, Jldurán tiene razón , un troll es un troll; y los humanos tenemos la culpa, digo, si al 101 ya le habían llegado los rumores... ¡Quien le manda pasar por ahí!
    Sin duda, es un relato muy sentido.
    Creo que se te escapan unos errores en los tiempos, que parece que se narra en pasado y luego en presente "ya está prometiendo", creo que algo que ayuda mucho es darle una leída al relato en voz alta para ver cómo suena, y así se detecta si algo no queda bien.

    Es curioso, Gálivich llegó a las 101 víctimas, y justo hoy yo acabo de completar los 101 seguidores, ¡Muy curioso! :D ¡Un abrazo!

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  4. Gracias por comentar, al principio escribí la historia en otro tiempo, luego de cambiarlo se me pasaron algunas cosas, lo corregiré, saludos.

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  5. Esto de Gálivich y dejar pasar a los humanos, me recuerda a cuando tocaba estudiar para exámenes. Al siguiente estudio con más tiempo... y luego al siguiente... y al final nada. Quizá seamos todos un poco troll en ese sentido jaja.

    Un abrazo
    Antonio V. García.

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  6. Excelente, ¿tendrá suerte el 103?
    Está muy bien ambientado, ¡me gustó mucho!
    besito

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